Autocuidado, Estrés y ansiedad

Deja que el reír y llorar llenen tu vida

Se han resaltado mucho los innegables beneficios físicos y emocionales de la risa; pero poco se ha dicho sobre las bondades del llanto. Deja que el reír y llorar llenen tu vida

Reír y llorar, reír y llorar… por muchos años se pensó que las lágrimas eran el principal signo de debilidad de una persona, pues sólo con el hecho de llorar se demostraba una personalidad inmadura; inclusive, se pensaba que las personas lloraban porque no sabían asumir sus faltas y pretendían inspirar un poco de compasión.

Lejos de ser un sinónimo de debilidad, el llanto nos ayuda a canalizar y liberar tensiones. Lloramos desde que nacemos. A veces de tristeza, otras de felicidad. También es verdad que en muchas ocasiones nos “guardamos” las ganas de llorar porque pensamos que no está bien visto derramar lágrimas; sin embargo,  llorar profundamente nos libera.

Existen personas que tienen  capacidad para llorar, pero hay otras que no lo pueden hacer tan fácilmente. Cuando somos pequeños se nos reprende cuando lloramos porque nos dicen que eso es de “débiles”, de “caprichosos” o de “niños malos”. Eso nos queda grabado a fuego en nuestra mente y por ello no nos permitimos llorar cuando lo necesitamos. Controlar demasiado las emociones (negándolas o disfrazándolas con una sonrisa falsa) es perjudicial para la salud.

Reír y llorar desde el nacimiento

El llanto desahoga nuestras penas

Si el cuerpo acumula demasiadas sensaciones negativas no solo genera depresión, tensión o estrés, sino que también es probable que cambie el carácter o la personalidad. Más irritabilidad, mal humor y nervios son solo algunas de las señales.

No olvides que, por algún sitio, el organismo debe expulsar todo lo que le duele o le hace mal. Un día no podrá soportar más tanto “guardar” lágrimas y tristezas y estallará en un gran llanto o en un ataque de ira.

En cuanto a los padecimientos físicos causados por no llorar podemos destacar el dolor de cabeza o de cuello, los malestares estomacales y los mareos. Las defensas se reducirán y seremos más propensos  a sufrir enfermedades de todo tipo. Además, las emociones contenidas bloquean el flujo de energía y eso también influye en la salud.

El llanto profundo es una excelente manera natural para desahogar nuestras penas y entender cuáles son nuestros dolores y tristezas. Eso no quiere decir que tengamos que esperar a   acumular todo lo malo, sino saber de qué manera ir soltando lo que nos perjudica poco a poco. Te sentirás realmente reconfortado, liberado y con mucha energía para salir adelante.

Cuando estamos estresados hay más posibilidad de que lloremos. Esto tiene una razón científica muy convincente: al expulsar las lágrimas vertemos oxitocina, noradrenalina y adrenalina. Estos elementos tienen en el cuerpo el mismo efecto que un analgésico. Las hormonas fijan la atención en lo que sentimos. Por eso tras un gran llanto nos encontramos mejor. Como si esto fuera poco, los expertos indican que disminuye la angustia y favorece la relajación. Llorar nos da alivio, nos hace sentir más tranquilos y nos puede ayudar a ser conscientes de cosas que no veíamos o que nos resistíamos a ello.

Seguro que recuerdas más de una vez en que lloraste “con todas tus fuerzas”, y después o bien te quedaste dormido o saliste de tu rincón para hacer cualquier actividad. ¿Por qué? Porque el llanto te sirvió para quitarte un gran peso de encima.

Reír y llorar… ¿Igual de benéficos?

La risa y el llanto son dos fenómenos que están más que presentes en nuestro día a día. Si los analizamos fisiológicamente, ambos son similares. ¿Por qué? Porque modifican la respiración y la presión sanguínea.

Reír se ha considerado siempre como un  acto positivo; mientras que  llorar ha sido estimado desde un punto de vista negativo y traumático. Se han resaltado mucho los innegables beneficios físicos y emocionales de la risa; pero poco se ha dicho sobre las bondades del llanto.

Es cierto que reír nos favorece, tanto en lo físico como en lo emocional: aumenta la circulación sanguínea, estimula el cuerpo y mejora nuestra salud,  elimina el estrés y las tensiones, eleva la autoestima, aumenta la inteligencia y retrasa el envejecimiento.  Pero también llorar tiene sus ventajas.

Reír y llorar son dos maneras de expresar emociones y están vinculadas con la presión sanguínea, la aceleración y detención de nuestra respiración, el enrojecimiento y la palidez de nuestro rostro e incluso el tono muscular. Ambas nos permiten descargar tensiones y poseen una función reguladora que crea circunstancias ventajosas para nuestro organismo.

La risa incide en el sistema endocrino para que éste ordene al cerebro la secreción de una serie de hormonas tales como las endorfinas, que controlan el dolor;  la adrenalina, que ayuda a estimular la imaginación,  la dopamina, que favorece la actividad mental, y la serotonina, que posee efectos calmantes y disminuye tanto la ansiedad como el hambre. Pero también hemos visto las innegables ventajas de desahogar las penas. Por eso, cada vez que quiera llorar, llore: que nadie se lo impida. No crea que se convertirá en un llorón o llorona, piense que se está moldeando correctamente, hasta llegar a ser un ser humano razonable y que aprende a equilibrar sus emociones.