Autocuidado, Nutrición

Somos lo que comemos

Somos lo que comemos

Maltratamos nuestro cuerpo cuando no comemos adecuadamente, debemos poner a raya los malos hábitos alimenticios, al fin y al cabo somos lo que comemos

Recordando nuestro lema, somos lo que comemos y durante el congreso de Nutrición Celular Activa, y estoy tan entusiasmada con todo lo que allí he oído que necesito contarlo, a pesar de tener ya preparado otro post para esta semana. Quizá mi entusiasmo radica en la afinidad de todo lo aprendido con la filosofía que yo intento transmitir cada semana en este Blog: Autocuidado, Salud y Belleza.

Parece inexplicable que después de todo un día de explicaciones profundas y complicadas relacionadas con el funcionamiento de esta máquina perfecta que es nuestro cuerpo, puedan resumirse en conclusiones tan sencillas y que se encuentran al alcance de todos nosotros para preservar y mantener la salud y evitar la enfermedad.

La pregunta que me gustaría que os hicierais, al igual que me la hice yo a lo largo de toda la jornada, es la siguiente: ¿Por qué nuestro cuerpo enferma tanto? ¿Por qué las enfermedades se cronifican? ¿Está en nuestra mano tener una mejor calidad de vida?

Somos lo que comemos

Practicando hábitos de vida saludables

Sin duda, hay factores que afectan a nuestra salud y que se escapan del alcance de nuestras manos, pero también es cierto que podemos contribuir a prevenir y mejorar en un porcentaje mucho más importante del que quizá pensamos, aunque nunca hemos sido educados para cuidar nuestro cuerpo y por ello no seamos tan conscientes de ello. No se trata de añadir años a nuestras vidas, se trata de añadir vida a nuestros años.

Pero, ¿cómo podemos en la cotidianidad de nuestra vida cuidar nuestra salud? La respuesta es repetitiva: practicando hábitos de vida saludables. Lo hemos oído por activa y por pasiva, pero iremos un poquito más allá: no “maltratando” nuestro cuerpo.

Maltratamos nuestro cuerpo cuando no comemos adecuadamente, cuando fumamos, cuando hacemos una vida sedentaria, cuando no le ayudamos a favorecer la realización de sus funciones vitales, cuando abusamos y sobrecargamos la maquinaria.

Todas las enfermedades se pueden clasificar en dos grupos: autoinmunes y funcionales y, paralelamente, todas las enfermedades subyacen a cuatro factores desestabilizadores del normal funcionamiento de nuestro organismo: INFLAMACIÓN, OXIDACIÓN, ACIDIFICACIÓN y MALA GESTIÓN DEL ESTRÉS.

Para trabajar en la prevención de la salud hemos de tratar la funcionalidad, y para ello evitar que se desencadenen los factores desestabilizadores, intentando llegar a una conclusión que podamos aplicar en nuestra vida diaria, la cual podríamos sintetizar así:

  • Lo más importante y sencillo que nosotros podemos hacer por nosotros mismos es cuidar nuestra alimentación. Tomamos muchos alimentos que producen desequilibrios en las reacciones de Oxidación-Reducción y Ácido-Base.
  •  Cuando se producen estos desequilibrios el cuerpo va mal, el pH se acidifica, el ácido daña las vellosidades intestinales alterando la absorción de micronutrientes; así mismo un pH ácido tiende a favorecer inflamaciones y pérdida de minerales.
  • Una sobrecarga hepática y un mal funcionamiento intestinal disminuyen la absorción de estos micronutrientes que son esenciales para la óptima realización de las reacciones enzimáticas.
  • Una mala gestión del estrés por parte de nuestro organismo conlleva una sobrecarga de las glándulas suprarrenales, una fatiga crónica, dolor muscular, enlentecimiento del funcionamiento de la glándula tiroides…
Somos lo que comemos

Regla del 80:20

Somos lo que comemos

Dicho todo esto, deberemos conocer qué alimentos nos ayudan y cuáles nos perjudican, puesto que la alimentación y el sedentarismo son las primeras y fundamentales medidas preventivas y causas evitables que dependen directamente de nosotros.

Alimentos que producen acidez y que, por tanto, nos perjudican: leche, hidratos de carbono refinados (incluido azúcar), harinas blancas, margarina, alcohol.

Alimentos que favorecen un ambiente alcalino y que favorecen la funcionalidad orgánica: vegetales, fibra alimentaria para favorecer el tránsito, lácteos fermentados, fruta (no en exceso), grasas saludables, monoinsaturadas, ricas en omega 3 y 6, huevos, pescado, carnes blancas. Alimentos favoritos son:  tomate,  aguacate,  granada, limón, lima, pomelo,  sal marina en escamas, brotes y germinados, frutos secos (excepto cacahuetes), aceite de oliva. Los smoothies o batidos verdes pueden ayudarnos en este punto.

Ayudaremos así mismo a nuestro cuerpo practicando al menos dos veces al año terapias de drenaje y detoxificación, incorporando en momentos puntuales complejos vitamínicos, minerales y oligoelementos, tomando probióticos, haciendo ejercicio moderado de forma regular y, como todos sabemos y entendemos, llevando una vida sana.

Muy importante es resaltar el hecho que ya he comentado en varias ocasiones: no se prive de nada y no elimine nada de su alimentación, practique la regla del 80:20 ó las reglas del 2×1 ó 3×1 dependiendo de la ocasión. Es decir, mayoría de aquello que nos beneficia y minoría de aquello que nos puede perjudicar.

Ya saben mi lema Cuídense Siempre y en Cualquier Circunstancia, somos afortunados de disponer de información, cambiar hábitos nos costará los primeros días pero en menos de lo que imaginamos serán nuestra actitud cotidiana y como dice el rincón mágico: Iré a cualquier parte siempre que sea hacia delante.