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Gastroenteritis: síntomas, tratamiento y prevención

¿Qué es la gastroenteritis?

La gastroenteritis es una inflamación del estómago y los intestinos. Las causas suelen ser por virus, alimentos o agua contaminados, o por efecto secundario de algunos medicamentos.

En verano cambian los hábitos alimenticios, estamos fuera de casa, y hay alimentos que, a causa de las altas temperaturas, pueden desarrollar microorganismos que al ingerirlos pueden sentarnos mal, produciéndonos diarreas o vómitos. Hay que intentar que los alimentos no estén expuestos a altas temperaturas para conservarlos en buen estado.

No sólo hay una mayor incidencia de gastroenteritis, también la aparición de ciertos trastornos intestinales que son más frecuentes en verano, como por ejemplo, cambios en el tránsito intestinal.

Gastroenteritis: Síntomas

Las gastroenteritis se manifiestan por un aumento del número de deposiciones y/o una disminución de la consistencia de éstas. Se acompaña de dolor abdominal, vómitos, fiebre en ocasiones y, en algunos casos, deshidratación. Los síntomasmás comunes son debilidad, letargo, sed intensa y orina con color y olor fuertes.

Las gastroenteritis son habituales en toda la población, pero son muy frecuentes en los niños, sobre todo en menores de cinco años. Los problemas intestinales son más frecuentes del verano, aumentando en más de un 80% los casos, principalmente debido a bacterias, virus o parásitos.

El origen de un cuadro de gastroenteritis puede ser no infecciosa o infecciosa. Esta última está detrás del 80% de las gastroenteritis. Entre los agentes causantes pueden encontrarse virus (lo más frecuente) como el rotavirus, el adenovirus y el norovirus, que se está encontrando como primer agente causal de gastroenteritis víricas en niños en las poblaciones vacunadas por rotavirus; bacterias, principalmente Salmonella, Shigella y Campylobacter y parásitos como la Giardia.

En la mayoría de los casos diagnosticar la etiología no es posible y muchas veces no es necesario, pues el tratamiento no va a variar. Sin embargo, podemos hacer una pequeña historia para analizar y poder prevenir recidivas y prevenir la propagación de la infestación.

  • Si el paciente ha realizado recientemente viajes, hay que pensar en E. Coli, Shigella y Salmonella.
  • Si ha consumido verduras crudas, el agente etiológico puede ser Shigella o E. Coli.
  • Si se trata de lácteos o huevos, hay que pensar en Salmonella.
  • Si es leche sin pasteurizar o agua, podría ser Campylobacter.
  • Orientará también sobre el origen del cuadro saber si hay más afectados entre amigos o familiares que hayan podido compartir actividades o comida.
  • Si el paciente está tomando algún medicamento nuevo para él, especialmente antibióticos.
  • También es necesario preguntar por la ocupación laboral y tener en cuenta si se trata de ganaderos, trabajadores de guarderías o por supuesto, personal sanitario.

La forma de contagio más frecuente es la fecal-oral. Esta vía es más activa en los niños, pues comparten juguetes que tocan y a menudo se llevan a la boca.

Para evitar gastroenteritis hay que estar muy atentos a que no traguen agua de las piscinas donde se han bañado otros niños y que pueden estar contaminadas. También es una vía de adquisición de la infección, la ingesta de aguas contaminadas o de alimentos, especialmente, por supuesto, los alimentos crudos que se consumen mucho más habitualmente en el verano.

Gastroenteritis: Tratamiento

El tratamiento de la gastroenteritis generalmente es sintomático. El pilar más importante es la rehidratación oral a base de suero.

Además del suero, hay que seguir unas pautas dietéticas.

En las primeras horas no se debe forzar al paciente a comer si no tiene ganas, incluso aunque se trate de un niño. Sí hay que ofrecerle con frecuencia líquido para evitar la deshidratación. Según vaya tolerando el alimento, se irán introduciendo pequeñas cantidades de comida evitando, en un principio, los lácteos (excepto el yogur), las verduras crudas y las ensaladas, los dulces, los refrescos y las bebidas muy frías.

Para mí la recomendación de la administración de determinadas cepas probióticas es de gran utilidad para mejorar la diarrea y regularizar el tránsito intestinal.

En los casos en que no se puedan controlar los vómitos o la diarrea sea persistente, será necesario el ingreso hospitalario con rehidratación intravenosa.

Gastroenteritis: Prevención

Sabiendo que el contagio principal de las gastroenteritis es por vía fecal-oral o por la ingesta de agua o alimentos contaminados, hay una serie de medidas preventivas que pueden disminuir de manera importante, el riesgo de padecer una gastroenteritis:

  • Siempre hay que lavarse las manos después de ir al baño. Es muy importante educar a los niños en esta práctica.
  • Lavar bien las frutas y hortalizas, sobre todo si se van a consumir crudas. Una buena forma de lavarlas es con agua con un poco de vinagre.
  • No romper la cadena del frío con los alimentos, sobre todo con aquellos que deben conservarse con refrigeración.
  • No comer en lugares que no ofrezcan garantía de que sigan las recomendaciones anteriores, especialmente en los viajes a países de fuera de nuestro entorno.
  • Evita beber agua de fuentes, ríos o arroyos. En los viajes lo mejor es beber siempre agua envasada y tener cuidado con los cubitos de hielo, pues pueden estar hechos con aguas contaminadas.
Otros trastornos intestinales en verano

El cuidado en la alimentación no sólo será un factor protector frente a las gastroenteritis. También será imprescindible para evitar la aparición de otras enfermedades intestinales en verano como, por ejemplo, el estreñimiento. Es muy habitual que los pacientes estreñidos tengan unos hábitos adecuados y rigurosos durante todo el año pero, al llegar las vacaciones, relajen esas costumbres.

Esto produce que el tránsito intestinal no sea el apropiado. Pueden presentarse también otros problemas que se producen por los cambios de horarios y las alteraciones alimentarias y producen síntomas digestivos inespecíficos como meterorismo o dispepsias.

En todos estos casos, aun entendiendo que el verano se presta a cambios, a comer y beber cosas que no se toman el resto del año y a ciertas trasgresiones, hay que acostumbrarse a compensar, de alguna manera, los excesos y a llevar una dieta siempre sana y variada.

¡Y recordad que una microbiota sana, es el mejor escudo de defensa para todo tipo de infecciones y enfermedades!